El Motivo
Llegado
el mes de septiembre de 1910, Antonio Machado
decide ir en compañía de unos amigos a visitar el
nacimiento del río Duero. El recorrido que hará
es de Soria a Cidones en coche correo, hasta
Vinuesa andando, y a caballo hasta Covaleda.
Desde allí les sorprende una tormenta y deciden
bajar hasta La Laguna Negra. El paisaje y las
historias de asesinatos por motivo de la envidia
que escucha, le inspiran el romance La Tierra de
Alvargonzález
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ITINERARIO
EN IMÁGENES

1. De Soria a Cidones

2. Cidones
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| (Comienzo de La Tierra de
Alvargonzález) Una mañana de los
primeros días de octubre decidí visitar la fuente del
Duero y tomé en Soria el coche de Burgos que había de
llevarme hasta Cidones. Me acomodé en la delantera del
mayoral y entre dos viajeros: un indiano que tornaba de
Méjico a su aldea natal, escondida en tierra de pinares,
y un viajero campesino que venía de Barcelona donde
embarcara a dos de sus hijos para el Plata. No cruzaréis
la alta estepa de Castilla sin encontrar gentes que os
hablen de Ultramar.
Tomamos la ancha carretera de Burgos, dejando a nuestra
izquierda el camino de Osma, bordeado de chopos que el
otoño comenzaba a dorar. Soria quedaba a nuestra espalda
entre grises colinas y cerros pelados. Soria mística y
guerrera, guardaba antaño la puerta de Castilla, como
una barbacana hacia los reinos moros que cruzó el Cid en
su destierro. El Duero, en torno a Soria, forma una curva
de ballesta. Nosotros llevábamos la dirección del
venablo........
El indiano me hablaba de
Veracruz, mas yo escuchaba al campesino que discutía con
el mayoral sobre un crimen reciente. En los pinares de
Duruelo, una joven vaquera había aparecido cosida a
puñaladas y violada después de muerta. El campesino
acusaba a un rico ganadero de Valdeavellano, preso por
indicios en la cárcel de Soria, como autor indudable de
tan bárbara fechoría, y desconfiaba de la justicia
porque la víctima era pobre. En las pequeñas ciudades,
las gentes se apasionan del juego y de la política, como
en las grandes, del arte y de la pornografía -ocios de
mercaderes-, pero en los campos sólo interesan las
labores que reclaman la tierra y los crímenes de los
hombres.
-¿Va usted muy lejos? -pregunté
al campesino.
-A Covaleda, señor -me respondió-. ¿Y usted?
-El mismo camino llevo, porque pienso subir a Urbión y
tomaré el valle del Duero. A la vuelta bajaré a Vinuesa
por el puerto de Santa Inés.
-Mal tiempo para subir a Urbión. Dios le libre de una
tormenta en aquella sierra.
Llegados a Cidones, nos apeamos el campesino y yo,
despidiéndonos del indiano, que continuaba su viaje en
la diligencia hasta San Leonardo, y emprendimos en sendas
caballerías el camino de Vinuesa.
Siempre que trato con hombres del campo, pienso en lo
mucho que ellos saben y nosotros ignoramos, y en lo poco
que a ellos importa conocer cuanto nosotros sabemos.
El campesino cabalgaba delante de mí, silencioso. El
hombre de aquellas tierras, serio y taciturno, habla
cuando se le interroga, y es sobrio en la respuesta.
Cuando la pregunta es tal que pudiera excusarse, apenas
se digna contestar. Sólo se extiende en advertencias
inútiles sobre las cosas que conoce bien, o cuando narra
historias de la tierra.
Volví los ojos al pueblecillo que dejábamos a nuestra
espalda. La iglesia, con su alto campanario coronado por
un hermoso nido de cigúcñas, descuella sobre una
cuantas casuchas de tierra. Hacia el camino real
destacase la casa de un indiano, contrastando con el
sórdido caserío. Es un hotelito moderno y mundano,
rodeado de jardín y verja. Frente al pueblo se extiende
una calva serrezuela de rocas grises, surcadas de grietas
rojizas.
Después de cabalgar dos horas, llegamos a la Muedra, una
aldea a medio camino entre Cidones y Vinuesa, y a pocos
pasos cruzamos un puente de madera sobre el Duero.
-Por aquel sendero -me dijo el campesino, señalando a su
diestra- se va a las tierras de Alvargonzález; campos
malditos hoy; los mejores, antaño, de esta comarca.
-¿Alvargonzález es el nombre de su dueño? -le
pregunté.
-Alvargonzález -me respondió- fue un rico labrador; mas
nadie lleva ese nombre por estos contornos. La aldea
donde vivió se llama como él se llamaba: Alvargonzález,
y tierras de Alvargonzález a los páramos que la rodean.
Tomando esa vereda llegaríamos allá antes que a Vinuesa
por este camino. Los lobos, en invierno, cuando el hambre
les echa de los bosques, cruzan esa aldea y se les oye
aullar al pasar por las majadas que fueron de
Alvargonzález, hoy vacías y arruinadas.
Siendo niño, oí contar a un pastor la historia de
Alvargonzález, y sé que anda escrita en papeles y que
los ciegos la cantan por tierras de Berlanga.
Roguéle que me narrase aquella historia
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3. Posada del Indiano
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Siendo mozo
Alvargonzález,
dueño de mediana hacienda,
que en otras tierras se dice
bienestar y aquí, opulencia,
en la feria de Berlanga
prendóse de una doncella,
y la tomó por mujer
al año de conocerla. |
Feliz vivió
Alvargonzález
en el amor de su tierra.
Naciéronle tres varones,
que en el campo son riqueza,
y, ya crecidos, los puso,
uno a cultivar la huerta,
otro a cuidar los merinos,
y dio el menor a la Iglesia. |
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4. De Cidones a Vinuesa
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Mucha sangre de Caín
tiene la gente labriega,
y en el hogar campesino
armó la envidia pelea.
Casáronse los mayores;
tuvo Alvargonzález nueras,
que le trajeron cizaña,
antes que nietos le dieran.
La codicia de los campos
ve tras la muerte la herencia;
no goza de lo que tiene
por ansia de lo que espera
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El menor, que a
los latines
prefería las doncellas
hermosas y no gustaba
de vestir por la cabeza,
colgó la sotana un día
y partió a lejanas tierras. La
madre lloró, y el padre
diole bendición y herencia
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5. La Muedra, pueblo bajo el
embalse de la Cuerda
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Tres niños están
jugando
a la puerta de su casa;
entre los mayores brinca
un cuervo de negras alas. La
mujer vigila, cose
y, a ratos, sonríe y canta.
Hijos, ¿qué
hacéis? les pregunta.
Ellos se miran y callan.
Subid al monte,
hijos míos,
y antes que la noche caiga,
con un brazado de estepas
hacedme una buena llama.
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Sobre el lar de
Alvargonzález
está la leña apilada;
el mayor quiere encenderla,
pero no brota la llama. Padre,
la hoguera no prende,
está la estepa mojada.
Su hermano viene
a ayudarle
y arroja astillas y ramas
sobre los troncos de roble;
pero el rescoldo se apaga.
Acude el menor, y
enciende,
bajo la negra campana
de la cocina, una hoguera
que alumbra toda la casa.
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6. Vinuesa
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Alvargonzález levanta
en brazos al más pequeño
y en sus rodillas lo sienta; Tus
manos hacen el fuego;
aunque el último naciste
tú eres en mi amor primero.
Los dos mayores
se alejan
por los rincones del sueño.
Entre los dos fugitivos
reluce un hacha de hierro.
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Sobre los campos
desnudos,
la luna llena manchada
de un arrebol purpurino,
enorme globo, asomaba. Los
hijos de Alvargonzález
silenciosos caminaban,
y han visto al padre dormido
junto de la fuente clara.
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7. Covaleda
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Tiene el padre entre las
cejas
un ceño que le aborrasca
el rostro, un tachón sombrío
como la huella de un hacha. Soñando
está con sus hijos,
que sus hijos lo apuñalan;
y cuando despierta mira
que es cierto lo que soñaba.
A la vera de la fuente
quedó Alvargonzález muerto.
Tiene cuatro puñaladas
entre el costado y el pecho,
por donde la sangre brota,
más un hachazo en el cuello.
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A la vera de la fuente
quedó Alvargonzález muerto. Tiene
cuatro puñaladas
entre el costado y el pecho,
por donde la sangre brota,
más un hachazo en el cuello.
Cuenta la hazaña del
campo
el agua clara corriendo,
mientras los dos asesinos
huyen hacia los hayedos.
Hasta la Laguna Negra,
bajo las fuentes del Duero,
llevan el muerto, dejando
detrás un rastro sangriento,
y en la laguna sin fondo,
que guarda bien los secretos,
con una piedra amarrada
a los pies, tumba le dieron.
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8. Castroviejo
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Se encontró junto a la
fuente
la manta de Alvargonzález,
y, camino del hayedo,
se vio un reguero de sangre. Nadie
de la aldea ha osado
a la laguna acercarse,
y el sondarla inútil fuera,
que es la laguna insondable.
Un buhonero, que cruzaba
aquellas tierras errante,
fue en Dauria acusado, preso
y muerto en garrote infame.
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Pasados algunos meses,
la madre murió de pena. Los
que muerta la encontraron
dicen que las manos yertas
sobre su rostro tenía,
oculto el rostro con ellas.
Los hijos de
Alvargonzález
ya tienen majada y huerta,
campos de trigo y centeno
y prados de fina hierba;
en el olmo viejo, hendido
por el rayo, la colmena,
dos yuntas para el arado,
un mastín y mil ovejas.
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9. Cueva Serena
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Ya están las zarzas
floridas
y los ciruelos blanquean;
ya las abejas doradas
liban para sus colmenas,
y en los nidos, que coronan
las torres de las iglesias,
asoman los garabatos
ganchudos de las cigüeñas. Ya
los olmos del camino
y chopos de las riberas
de los arroyos, que buscan
al padre Duero, verdean.
El cielo está azul, los
montes
sin nieve son de violeta.
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La tierra de
Alvargonzález
se colmará de riqueza;
muerto está quien la ha labrado,
mas no le cubre la tierra. La
hermosa tierra de España
adusta, fina y guerrera
Castilla, de largos ríos,
tiene un puñado de sierras
entre Soria y Burgos como
reductos de fortaleza,
como yelmos crestonados,
y Urbión es una cimera.
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10. La Laguna Negra
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Los hijos de
Alvargonzález,
por una empinada senda,
para tomar el camino
de Salduero a Covaleda,
cabalgan en pardas mulas,
bajo el pinar de Vinuesa. Van
en busca de ganado
con que volver a su aldea,
y por tierra de pinares
larga jornada comienzan.
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Van Duero arriba,
dejando
atrás los arcos de piedra
del puente y el caserío
de la ociosa y opulenta
villa de indianos. El río.
al fondo del valle, suena,
y de las cabalgaduras
los cascos baten las piedras. A
la otra orilla del Duero
canta una voz lastimera:
«La tierra de
Alvargonzález
se colmará de riqueza,
y el que la tierra ha labrado
no duerme bajo la tierra.»
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11. Fin del recorrido. La Laguna
Negra
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Llegaron los asesinos
hasta la Laguna Negra,
agua transparente y muda
que enorme muro de piedra,
donde los buitres anidan
y el eco duerme, rodea;
agua clara donde beben
las águilas de la sierra,
donde el jabalí del monte
y el ciervo y el corzo abrevan;
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agua pura y silenciosa
que copia cosas eternas;
agua impasible que guarda
en su seno las estrellas. ¡Padre!,
gritaron; al fondo
de la laguna serena
cayeron, y el eco ¡padre!
repitió de peña en peña.
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